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Disfrutar de los placeres de una vida que se ofrece sin máscara

miércoles, 27 de abril de 2011

ME TIENES PRESO DE AMOR




Quien me ha escondido el sol


Me pregunto, ¿donde estas amor?


Que no hice por tenerte


Cuanto grite al perderte


Te fuiste el mismo día que comencé a amarte


Nadie escucho mi suplica, me convertí en un esclavo del dolor


Desde entonces me tienes preso de amor


No son palabras sin una razón


Viajan desde lo más profundo de mi corazón


Como ignorar que sin ti soy un vacio


Como no ver que sin tus ojos, mi alma es un campo baldío


Solo quiero decirte una palabra


Dame una ilusión para vivir


Dejare que mi vida ante ti se abra


Llego de un destierro sin tu cuerpo para abrazar


Que mayor sufrimiento que no sepas que por ti, he vuelto a llorar


Mi pena se ha vuelto gris y espesa


En mi mundo ya no hay color


Solo se repetir, me tienes preso de amor


Te envío una señal escrita en la lluvia de verano


Son las caricias que escapan de mis manos


Los violines suenan en mi mente inquieta


Es la locura de no pasear este amor, con mi alma de poeta


Mis letras son un callado rumor


En mis días te sueño despierto


En mis noches, como una letanía repito


 me tienes preso de amor






VAMOS CORRIENDO

Vamos corriendo que llega el día para amarnos
No cojas nada, todo cabe en nuestras manos
Solo queda un tren para llegar al paraíso
Quiero que sepas que te amo,
 por si me ignoras, te lo aviso
Qué risa nos da la impaciencia
Nos besamos con la torpeza de la adolescencia
Es una aventura compartir contigo el deseo
Siempre me das más de lo que espero
He aguardado tanto tiempo en la estación de los amores
Que ahora me enloquece ver llegar el tren de tus sabores
Si algún día te olvidas que existo, me volveré invisible
Solo busco tu abrazo, no tengo nada más que pedirte
Ya siento la brisa del día que llega para amarnos
Mi espera se ha vuelto esponja, donde absorber el calor de tus manos
Vamos corriendo que llega el día para amarnos
No quiero perder un segundo sin decirte versos de amante
No quiero que te vuelvas viento, y te escapes de mis brazos
Aquí me tendrás por siempre, soy tu caballero andante.

LA ANGUSTIA

Andaba lo más deprisa que podía, eran las doce menos cuarto y aurora llegaba tarde a su cita con el doctor. Dejar a los niños en el colegio, comprar el pan antes de que cerrase la panadería, por si a la vuelta de la visita con el doctor estuviese cerrada. Subió a la cuarta planta, que es donde estaba la consulta, se sentó en una pequeña sala de espera, hasta que la avisaran. Mientras esperaba, por su cabeza pasaban todas las cosas que quería decirle, estaba algo nerviosa, eso de ir a un médico para asuntos de los nervios no le daba mucha confianza; Se había puesto una blusa marrón, una falda beige y unos zapatos negros, un pañuelo color crema en el cuello, el pelo recogido en una pequeña coleta y un par de pinzas sujetándola.


Su bolso negro no era ni muy grande ni tampoco muy pequeño, lo justo para llevar las cosas que necesitaba. Como contarle a una persona desconocida, tantas cosas que anidaban en su mente. Después de quince minutos, salió una enfermera para avisarle que ya podía pasar; Entró despacio, como una niña asustada que ha cometido alguna travesura, el doctor le indico que se sentará en una silla que había frente a su mesa.


-Por favor siéntese, póngase cómoda-Aurora se sentó, alisándose la falda y agarrando el bolso con las dos manos. El doctor le preguntó con mucha delicadeza-¿Cómo se siente?-Aurora no sabía muy bien si esa era una pregunta con trampa, o solo quería ser amable. Contestó lo mejor que pudo-Pues verá “usté” doctor, a mi me ha dicho mi medica de cabecera que venga a verlo porque estoy algo nerviosa últimamente, yo le he dicho que es normal, con los niños, la casa, y este marido que tengo, que siempre me está pidiendo que haber si hago un esfuerzo y adelgazo un pelín. No es que coma mucho pero la angustia de ir todo el día corriendo me hace comer a cada momento, además está lo de las cosas que mi marido me pide por las noches, antes todo era muy normal, pero desde que vio una película sobre “como ser original en el amor” me tiene loca; Cada día es una aventura, imagínese, ayer sin ir más lejos, quería que de vez en cuando mientras lo hacíamos, le mordiese la rodilla, como comprenderá una no está acostumbrada a estas novedades en la cama; mi marido dice que lo que pasa es que soy un poco antigua, ¡antigua! Como si morder una rodilla tuviera algo que ver con la modernidad. Estoy un poco harta de sus inventos. Siempre he sido muy esposa para todo lo que él quería, pero me tiene de los nervios con sus caprichos. Encima uno de los niños me ha dicho que en el colegio le han cogido manía, por que viste mucho de rojo, dice que todos se burlan de él y le llaman “el tomate”, eso sí que me angustia, a mi niño no me lo toca nadie. Ya he ido a hablar con su profesora, y me ha dicho que ya se sabe como son los niños, que es algo pasajero y que pronto se les pasará; Pero yo no puedo dejar de pensar que mi Pedro está pasándolo mal; el otro día sin ir más lejos, hable con una de las madres de uno de los niños que lo acosa. ¿Y qué cree que me respondió? Pues me dijo “que si mi niño le gusta mucho ir de rojo será que tiene algo raro”, ¡algo raro!, rara ella y ese bigote que no acaba de quitársele nunca.


Además no llego nunca a final de mes, y mi marido me pregunta que en qué me gasto el dinero que gana. –Y usted que le responde-preguntó el doctor-pues que si quiere que me apañe mejor con el dinero, pues que me dé más, que para la miseria que gana, no se pueden hacer milagros. Como “esté” comprenderá no le gusta nada que le diga que gana poco, y entonces viene cuando me echa en cara que solo compro tonterías, y me gasto el dinero en caprichos; Como va a ser un capricho comprarle unas carteras nuevas a los críos, si no les dura nada, o la ropa, cada mes hay que cambiárselas, ¿o es que no crecen las criaturas?, que” lastimica” con lo bien que se apañan con lo que les pongo. Además vivo en un barrio que esta últimamente” abarrotao” de inmigrantes, y no es que yo tenga nada contra ellos, pero noto que las calles ya no están igual, es como si el olor de sus comidas, que son las que guisan en sus países, se ha “pegao” en todas partes, cada vez que tiendo la ropa, lo tengo que hacer a una hora que no cocinen, si no huele como a carne. Hay mucho miedo a la delincuencia, no puedo dejar que los niños jueguen hasta muy tarde en el parque, no se sabe que gente puede pasear por allí cuando empieza a oscurecer. Como verá son muchas cosas las que me tienen angustiada. Para colmo mi madre dice que está deprimida, porque sus hijos no la cuidan como antes. Es todo un sinfín de cosas que no acabaría nunca de contarle. ¿Cree que tengo algo malo doctor?-El médico la miró a los ojos, esbozó una sonrisa, y le dijo-Usted no tiene nada malo, solo tiene lo que mucha gente en estos tiempos, que todo es correr y correr, solo puedo recetarle estas pastillas para que el día le pase más tranquilo, y cuando vea que se va sintiendo mejor, las va dejando, pero poco a poco, un día una mitad y otro día nada, hasta dejarlas del todo; Si vuelve a sentirse inquieta las vuelve a tomar.


Aurora le dio las gracias, se levantó de la silla y salió de la consulta, al llegar a la calle se quedo un instante mirando la avenida que se abría frente a ella. Por su cabeza pasaron todos los momentos que habían hecho posible que estuviera ahora donde estaba; Se encaminó hacía su casa, cuando de pronto le sonó el móvil-Si dígame-contestó, al otro lado una voz de mujer le respondió- Señora, le llamo del colegio, su hijo Pedro se ha pegado con un niño, cuando pueda debería venir- Ella contestó-si sí, no se preocupe que enseguida voy- Sin dejar de caminar comenzó a llorar, no había manera de apartar esa angustia que no la dejaba vivir.

lunes, 21 de febrero de 2011

DÉJAME

Déjame, acariciar tu sonrisa
Mírame, ¡como me enamora tu risa!
Eres el aire envuelto en pasión
Escondí en tu bolsillo mi corazón
Invente un beso solo para tu boca
Son tus labios los que a mí me tocan
Déjame enredar tu pelo
Tengo un peine entre mis dedos
Me enloquece tener para mí tus deseos
Déjame columpiar tu cuerpo
Mirar tu cara, es ver la luna llena en agosto
No existe nada tan hermoso como tu rostro
Déjame ser quien te diga cada mañana ¡buenos días!
Soy quien te sueña, solo para amarte
Déjame darme entero, no solo una parte
Si me pronuncias, te doy una flor
Es el principio de mi amor
Déjame caminar junto a tu fragancia
Te pido que me dejes amarte sin distancia

OLVIDE QUE SIN TI NO TENGO RECUERDOS

Olvide que sin ti no tengo recuerdos
Marche solo, sin llevarme nada
Solo, en una dirección de murmullos dormidos
En la ciudad odiada, Que ahora reza entre quejidos
Escribí en las aceras mi nombre para no seguir tú huella
Me ahogue en las fuentes heladas de diciembre
No pude ver tu vacio en la luz de una cerilla
Escarbe en mi memoria, quemada por la fiebre
Solo halle tristezas hechas de arcilla
Son mis manos un campo sin arar de caricias
Es mi cuerpo un árbol talado de hambre por sentirte
Olvide que sin ti no tengo recuerdos
Me abandonaron con premura todas las sonrisas
Se unieron a mi ceguera por amarte, todos los solitarios
A escondidas, los sueños se marcharon sin decir adiós
Entendí que sin ti no vive el amor
Ahora voy despacio en busca de tu abrazo
Lo encontraré donde no me queden arañazos
Ya no habitan recuerdos en mi alma helada por tu ausencia
Olvide mis nostalgias en una niñez de amor e impaciencia
Olvide que sin ti no tengo recuerdos
Olvide que sin ti camino entre muertos

LLORA LA NIÑA

Llora la niña, en sus ojos solo hay arena
Llora la niña, no tiene quien le cante a su pena
En su calle vive la oscuridad
Llego de noche, a quedarse en la ciudad
No tiene madre que la abrace
Se la llevo el frío, ¡Que dolor de soledad!
 Su corazón late en silencio
No quiere al dolor despertar
En sus manos guarda una medalla
Se la dio la abuela, al irse a acostar
Llora la niña con la boca cerrada
No puede gritar está asustada
La niña tiene amargura
No encuentra quien le dé amor para su cura
¡Que maldita noche se llevo su abrazo!
¡Que invierno cruel le dio a su alma este arañazo!
Llora la niña, le pide a dios una señal
Llora la niña, dios no la oye está atrapado en un cenagal

PAULA Y SU JARDIN

Vacio el agua de todos los floreros, tiro las flores marchitas, decidió que ya había llegado el momento de cambiar el color que decoraban sus jarrones; Solía esperar a que cayeran por si solas, pero esta vez su mirada se cansó de ver tanta tristeza, Paula estaba enamorada de todo lo que respiraba, la naturaleza le regalaba tantos momentos de plenitud, que se relacionaba mejor con las plantas que con las personas.
En su búsqueda de un amor eterno, perdió todos los amores fugaces; Se adentró en un mundo de plantas, ellas colmaban todas las expectativas que tenía de lo que para ella suponía esperar, a que algo le diera satisfacción. Las regaba con la lentitud de una bailarina en un paso de minueto, dejaba que el agua cayera gota a gota, sin asustar a las hojas; Si debía podar, lo hacía pidiendo perdón a la planta, porque creía firmemente que sentían dolor cuando se les cortaba alguna hoja. Buscaba el mejor lugar en su jardín para cada una de sus plantas, verlo era entrar en un paraíso de color. Toda su ternura quedaba reflejada en el hermoso vergel que rodeaba su casa. En un pequeño cobertizo guardaba todos los utensilios que usaba para trabajar; No importaba si al volver del trabajo se sentía cansada, para sus plantas siempre había un momento para decirles que alguien se ocupaba de ellas; su vida se fue alejando de la espera de un amor imposible, lo esperó durante mucho tiempo, pero él se olvido de su dirección, no encontró como volver al camino que lo llevaba hasta Paula.
En ese mismo instante ella disfrazó su corazón de maleza, nadie volvería a podar su amor. En sus encuentros con la soledad, se reía como una joven alocada, casi parecía que nunca nadie, escribió su nombre en un poema. Creyó, que todo el que se acercaba a ella para insinuar un comienzo de algo, no importaba el que, solo pretendía sin ni siquiera saberlo, romperle todas las flores que regó con las lágrimas de un amor que no pudo dar a nadie. Era muy difícil que estuviera dispuesta a conocer gente, perdió la cuenta del tiempo que hacía que ningún hombre la abrazaba; era joven y sus facciones la hacían atractiva a los demás, No se sentía defraudada con la vida, solo temía que otra vez alguien dejara de acompañarla a pasear en primavera.
Tenía organizado el jardín de tal manera, que cada conjunto de flores estaban unidas según su color y su aroma; Cuando paseaba entre ellas extendía las manos rozándolas con las yemas de los dedos, mientras les contaba alguna novedad del día, o simplemente tarareaba alguna canción. Solía vestirse con una bata de color verde, para no desentonar con el paisaje que formaban las flores siempre que andaba entre ellas. Su pelo rojo como un amanecer, se movía suelto, era como la continuación de los pétalos de sus rosas.
Se repetía en voz alta-¡que hermosas estáis!-sonreía con el descubrimiento de un nuevo brote, y lloraba si alguna hoja o flor caía abandonada por una naturaleza desmemoriada, que cada otoño olvidaba el gran amor que tuvo con todas ellas. Mientras estaba absorta en su jardín, no evocaba la soledad de su vida. Amó todo lo que una mujer puede amar, le dio la vida entera, se vació sin saber si volvería a llenarse; No supo darse a medias, le entrego cada palmo de su alma y de su cuerpo; Él no entendió que significaba ser ese alguien a quien esperas cada día para compartir un universo de amor y pasión, prefirió la frialdad de un trabajo bien remunerado. En cada segundo que pasaba junto a sus plantas, sentía como algo se renovaba en su interior; en un rincón las azucenas, con su color blanco, que la invitaban a pasear por las noches, para oler ese aroma tan intenso que desprenden. Cuantas noches se dejo llevar por el ansía de un romance lleno de aventuras, cuantos soñadores como ella saltaron la valla, para raptarla y embarcarse en un viaje en el que solo serían ellos dos y una pasión, solo descrita por los grandes poetas; Las azucenas, caprichosas flores de su anhelo.
En el otro rincón, separadas por pedacitos de yerba fresca, habitaban como las reinas del jardín, señoras altaneras y poco amigas de nada que no tuviese que ver con un sentimiento sincero; Las rosas, esas elegantes y estiradas, compañeras fieles si les das tu corazón. Paula las miraba, los olía, las acariciaba con tanto esmero y cuidado, que sus manos parecían rozar la piel de un niño dormido. En sus ojos brotaban tímidas lágrimas, temerosas de mostrar que algo se movía en su corazón, ellas fueron en muchas ocasiones las culpables de creer a un amor que le prometió flores y solo le dejo sus traidoras espinas. Eran la memoria de su fracaso en el amor. En ellas se entretenía poco tiempo, las cuidaba tan bien como a las demás, pero no soportaba durante mucho tiempo su arrogante presencia.
En otra parte, un hermoso naranjo, ¡que olor tan especial dejaba su flor de azahar! Como le gustaba sentarse bajo su sombra, mirar como el sol iluminaba su fruto, dándole ese color brillante que invitaba a morder la naranja; Era su pequeña pasión, saber que las podía coger, pero que algo le decía que aún no era el momento. Así fueron sus años de romances, siempre vio lo que tenía delante, pero nunca se atrevió a darle ese mordisco que la hubiese llevado a los confines del deseo compartido.
 Su experiencia en el amor la volvió desconfiada, no era suficiente una herida de amor para esconderse de la posibilidad de volver a encontrarse con él; pero ella era tan sensible, que cualquier desaire la dañaba, como quien pierde ese objeto que guarda donde solo se mira de vez en cuando, para recordar que alguien nos amó. Su naranjo le hacía sentirse invadida por una pasión extraña y al mismo tiempo la reconfortaba, sabía que solo tenía que atreverse a exponer de nuevo su corazón; que prodigio tiene un corazón abrazado por unas manos enamoradas. En el contorno de sus plantas Vivian como agazapadas, hierbas de distintos colores, formas y tamaños. Eran esas criaturas que viven al cobijo de una buena tierra y alguien que las riegue; No necesitan mayor compromiso, les basta un poco de atención para seguir vivas. Paula no tenía bastante con eso, ella quería un amor entero y para siempre.
En otra parte del jardín, crecían las margaritas blancas, ¡cuantas de ellas sucumbieron a las dudas de Paula! A cada nuevo paso que daba en el amor, deshojaba una flor; No solo le preguntaba ¿me quiere, no me quiere?, algunas veces su consulta era más compleja, casi les interrogaba sobre las posibilidades de un amor difuso; ¿vendrá no vendrá?, ¿es sincero, me miente? Y así un sinfín de dudas. Las margaritas se convertían en su consejeras. Duró poco la relación, un día se marchitaron y tuvo que esperar a una nueva primavera, a que les dieran respuesta, mientras tanto optó por buscar respuestas en su corazón.
En medio de todo este jardín, que era su vida convertida en plantas, había una pequeña fuente, No era muy grande, ni tampoco tenía una forma muy especial, era hecha de piedra gris, con un surtidor en forma de calabaza, y una bandeja donde se recogía el agua que volvía una y otra vez a salir por el mismo lugar. Con el sonido del agua se entretenía horas, sin pensar en nada más.
En los momentos que pasaba en su jardín, la vida era solo una espera, cada estación le traía un nuevo impulso para no dejarse abatir por el ansia de querer compartir su vacio.
Acabado un invierno duro y frío, tomo renovadas fuerzas para que sus plantas y flores comenzasen a florecer en primavera, repitió todos los pasos que eran necesarios para que todas se sintieran queridas y cuidadas, agua, abono, tierra y mucho cariño. Una mañana se despertó con la idea de que algo nuevo debía plantar en su jardín, dudó entre distintas opciones de flores y plantas; al final se decidió por una enredadera. Son plantas que pueden servir para ocultar las partes del jardín que nos parezcan menos atractivas, Ella quiso ponerlas cerca de las rosas, no por que fuesen feas sus rosas, pero servirían para ocultar que su corazón tenía clavada la espina de un amor que no se acordó de volver a buscarla. Las enredaderas se han de asegurar muy bien para que con el paso de los años no se derrumben; Serían testigo de una soledad forjada por los años; Cada vez que la mirase recordaría que no quiso deshacerse de un recuerdo, que aunque doloroso, le traía a la memoria un amor que estuvo cerca de ella. Alguien la amo solo por un instante. Son plantas que has de colocar de manera que dirijas su crecimiento, de lo contrario se expande por todas partes del jardín. Sabiendo hacia donde crecen, tendría siempre un lugar al que dirigir sus ojos cuando la pena viniese a visitarla. Así pasaron unos años hasta que una amiga del trabajo le regalo una planta exótica traída de un país lejano, el nombre de la flor era casi impronunciable; pero sí sabía que su naturaleza era vivir muchos años, solo necesitaba luz, mucha agua y que se mantuviese lo más alejada de las demás plantas del jardín; sus raíces solían invadir las raíces de las otras plantas, hasta dejarlas secas. Paula tuvo dudas sobre si plantarla o no, pero al final decidió que no importaba ese riesgo. Si las demás querían seguir vivas, deberían espabilar y no dejarse amedrentar por quién podía dañarlas.
Se sintió identificada con esa flor, de poco le servía su belleza y sus ganas de amar, si no salía a enseñar que tenía un corazón dispuesto a que lo amaran de nuevo. Se mezclaría con los demás corazones. Prefirió que de nuevo alguien le pudiese dañar su amor, a quedarse sola en su vergel, que era como un reflejo de lo que había sido y era su vida. La planta exótica seria ella, aunque tuviese que exponerse a que alguien de nuevo podase su corazón, era preferible morir amando que vivir solo de un recuerdo que se fue. Plantó la flor extraña, la cuidó lo suficiente para que se sintiera querida, entre las demás; Todo lo que le rodeaba tomo un color diferente, las demás flores y plantas del jardín se volvieron más fuertes y resistentes, ante la amenaza de una flor extraña. Paula decidió no vivir más tiempo anclada en el recuerdo: Un día de verano Salió a pasear, con los primeros rayos del día, estaba preciosa, con una camisa blanca, y una falda azul. Su pelo recogido en una trenza, por la calle paseaba la gente, algunos hombres la miraban, otros le sonreían; Ella les devolvía la sonrisa. Sentía que algo se movía en su cuerpo; recordó a la flor exótica, extraña entre otras flores. Desde ese momento invadió el espacio que existe entre su deseo y su miedo al dolor de un fracaso. Anduvo libre y sin miedo; en esa mañana de verano alguien volvió a sonreírle, ella devolvió la sonrisa, y también la vida.